Las plantas medicinales de la cordillera central de Chile forman parte de un acervo botánico y cultural que precede en siglos a cualquier ruta de trekking o guía de viaje, quienes recorren el Cajón del Maipo, el Valle del Yeso o los sectores altos de la precordillera metropolitana suelen cruzarse con ellas sin reconocerlas: un arbusto de ramas resinosas al borde del camino, una mata de hojas plateadas en la ladera, un grupo de flores amarillas entre las rocas, algunas de estas plantas fueron utilizadas por los pueblos pehuenche y mapuche como remedio, alimento o componente ritual, otras ingresaron al uso popular criollo durante el período colonial y se mantienen hasta hoy en la tradición herbolaria chilena, este artículo recorre las especies más relevantes que pueden encontrarse en el ecosistema andino de la Región Metropolitana, con atención a su botánica, sus usos documentados y los límites de lo que se sabe sobre ellas.
La flora medicinal de la cordillera: un patrimonio poco documentado
La cordillera de los Andes en Chile central alberga una flora vascular extraordinariamente diversa para su latitud, según el catálogo de plantas vasculares de Chile elaborado por el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), la zona de transición entre el matorral esclerófilo y el piso andino, que corresponde grosso modo al Cajón del Maipo y sus quebradas laterales, concentra cientos de especies endémicas o nativas, varias de las cuales tienen registros etnobotánicos documentados.
Sin embargo, el conocimiento sobre el uso medicinal de estas plantas es desigual. Algunas cuentan con estudios fitoquímicos publicados en revistas científicas; otras solo con registros etnobotánicos de tradición oral recogidos por investigadores del siglo XX. Esta asimetría importa: no todo lo que la tradición atribuye a una planta ha sido validado farmacológicamente, y no todo lo que la ciencia ha identificado como activo biológicamente es necesariamente seguro o eficaz en las dosis y formas en que se usa popularmente.
Lo que sigue es un recorrido por especies concretas, verificables, con presencia real en el territorio del Cajón del Maipo y zonas aledañas, para conocer el contexto ecológico más amplio en que estas plantas crecen, el artículo sobre flora y fauna del Cajón del Maipo ofrece una panorámica útil del ecosistema en su conjunto.
Bailahuén (Haplopappus multifolius): la resina del secano andino
El bailahuén es uno de los arbustos más reconocibles de la precordillera y el piso andino bajo del Cajón del Maipo. Pertenece al género Haplopappus, que en Chile cuenta con decenas de especies, muchas de ellas popularmente llamadas «bailahén» o variantes similares, lo que genera confusión frecuente incluso entre colectores, el H. multifolius en particular crece en laderas secas entre los 1.000 y los 2.800 metros de altitud, con preferencia por suelos pedregosos y bien drenados, sus ramas están cubiertas de una resina amarillenta de olor fuerte y característico que en días de calor puede percibirse a varios metros de distancia.
En la tradición herbolaria chilena, la infusión de sus ramas se usa para trastornos digestivos, especialmente como colagogo, estimulante de la secreción biliar y como antiespasmódico. Investigadores del Departamento de Farmacia de la Universidad de Chile han documentado la presencia de flavonoides y compuestos diterpénicos en distintas especies del género Haplopappus, algunos de los cuales muestran actividad biológica relevante en estudios in vitro, el uso popular precede en décadas a cualquier confirmación científica, y la especie forma parte de la farmacopea informal que se puede encontrar en ferias libres de Santiago bajo el nombre genérico de «bailahuén».
Dato botánico: el género Haplopappus es endémico de América del Sur y tiene en Chile su mayor diversidad. El Catálogo de la Flora Vascular de Chile (Rodríguez et al., Gayana Botánica, 2018) registra más de 60 especies en el territorio nacional, con alta concentración en la zona andina de la Región Metropolitana y O’Higgins.
Pingo-pingo (Ephedra chilensis): la planta de las alturas con historia farmacológica
El pingo-pingo es una gimnosperma, no es una planta con flor en el sentido convencional, con tallos articulados de color verde grisáceo que crece en zonas áridas y semiáridas de la cordillera andina, desde los 1.500 hasta los 3.500 metros de altitud, en el sector del Valle del Yeso y en las quebradas laterales que desembocan al Cajón del Maipo es posible encontrarla en laderas expuestas al sol, a menudo asociada a comunidades vegetales de coirón y arbustos xerofíticos.
Su relevancia farmacológica viene de lejos, el género Ephedra contiene alcaloides, principalmente efedrina y pseudoefedrina, que han sido ampliamente estudiados y que dieron origen a fármacos broncodilatadores y descongestionantes utilizados en medicina convencional, la especie chilena fue utilizada por comunidades andinas como estimulante y para aliviar cuadros respiratorios su consumo sin supervisión médica no es inocuo: los alcaloides de Ephedra tienen efectos cardiovasculares documentados y su uso indiscriminado puede resultar peligroso, esto no disminuye su interés botánico ni su lugar en la historia de la medicina andina, pero sí obliga a mencionarlo con claridad.
Matico (Buddleja globosa): el cicatrizante de quebradas húmedas
El matico es uno de los arbustos medicinales más conocidos de la flora chilena y uno de los pocos cuyo uso popular ha sido respaldado por estudios clínicos, crece preferentemente en quebradas con humedad, bordes de esteros y sectores ribereños protegidos del viento, con presencia documentada en los tramos medios y bajos del Cajón del Maipo, sus hojas, rugosas y de textura casi áspera al tacto, contienen compuestos con propiedades astringentes, antiinflamatorias y antimicrobianas que han sido identificados en investigaciones publicadas por universidades chilenas, entre ellas la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Concepción.
En la herbolaria tradicional chilena, el matico se usa en cataplasmas para heridas y úlceras cutáneas, y en infusión para trastornos gastrointestinales leves, es una de las pocas plantas medicinales nativas que se comercializa de manera relativamente formal en el mercado de hierbas de Santiago y que cuenta con registros en el formulario herbario nacional del Instituto de Salud Pública (ISP). En el borde de ciertos senderos del Cajón del Maipo, en los tramos donde hay agua permanente, es común observar sus inflorescencias amarillas en forma de esfera durante los meses de primavera y verano.
Contrayerba (Cristaria glaucophylla) y otras malváceas de altura
La contrayerba es un nombre que en Chile se aplica a varias especies distintas según la zona geográfica, lo que complica su identificación para el viajero no especializado, en el contexto de la flora medicinal de la cordillera central, Cristaria glaucophylla es la especie más frecuentemente designada con este nombre en la Región Metropolitana, es una planta rastrera o de porte bajo, de hojas grisáceas y flores pequeñas de color rosado, que crece en suelos pedregosos y secos por encima de los 2.000 metros.
Quienes hacen trekking en el Cajón del Maipo hacia cotas altas pueden encontrarla en los sectores de transición hacia el piso andino, su uso tradicional incluye aplicaciones como sudorífico y para cuadros febriles, aunque la evidencia científica sobre su eficacia en estas aplicaciones es limitada y no alcanza el nivel de respaldo que tienen el matico o el bailahuén. Lo que sí está documentado es su presencia en recetarios populares del siglo XIX recogidos por el naturalista Rodulfo Amando Philippi, quien clasificó varias especies del género Cristaria durante su trabajo en Chile entre 1851 y 1897.
Chachacoma (Senecio eriophyton): la hierba del mal de altura
La chachacoma, también escrita «chachacuma» en algunas fuentes, es quizás la planta medicinal andina más directamente relevante para quienes visitan las zonas altas del Cajón del Maipo, el Valle del Yeso o emprenden la caminata hacia las Termas del Plomo, crece entre los 3.000 y los 4.500 metros sobre el nivel del mar, en ambientes de puna y piso altoandino, con una morfología compacta y hojas cubiertas de pelo plateado que reducen la pérdida de agua en condiciones de alta radiación y viento.
Su uso más extendido en la tradición andina es como remedio para el soroche o mal de altura: la infusión de sus hojas se bebe caliente antes o durante el ascenso, esta aplicación es compartida por comunidades de Chile, Argentina, Bolivia y Perú, lo que le otorga un respaldo etnobotánico transandino notable, la evidencia farmacológica sobre su eficacia específica para el mal de altura es hasta ahora insuficiente para hacer afirmaciones categóricas, aunque sí se han identificado compuestos con actividad vasodilatadora en estudios preliminares, lo que sí es cierto es que el té caliente en altitud cumple una función de hidratación y calor que por sí sola no carece de valor.
Dato práctico: el mal de altura puede comenzar a manifestarse desde los 2.500 metros en personas sensibles, con síntomas como cefalea, náuseas y fatiga. El sector del Embalse El Yeso se encuentra a aproximadamente 2.500 metros sobre el nivel del mar; el camino hacia las Termas del Plomo supera los 3.000 metros. La aclimatación gradual es la medida preventiva más eficaz según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Menta de cordillera y otras labiadas silvestres
En los sectores con agua del Cajón del Maipo, bordes de esteros, sectores húmedos próximos al río, crecen varias especies de la familia Lamiaceae que el visitante puede identificar por su aroma mentolado o especiado al rozar las hojas, algunas corresponden a especies introducidas naturalizadas, como la menta (Mentha spp.), ampliamente distribuida en Chile. Otras son nativas, como distintas especies del género Satureja (el orégano de la cordillera) que crecen en laderas secas y pedregosas de la precordillera.
El uso de estas plantas en infusión para trastornos digestivos, dolor de cabeza leve y cuadros catarrales es parte de la tradición herbolaria chilena de larga data, en días de mucho sol y baja humedad, dependiendo de la época del año, el aroma de estas labiadas puede percibirse claramente en los senderos de media altura del Cajón del Maipo antes de ver las plantas, es un marcador olfativo del territorio que muchos senderistas habituales reconocen sin poder nombrarlo.

Recolección, ética y límites: lo que conviene saber antes de tocar una planta
La recolección de plantas silvestres en el Cajón del Maipo está regulada, el sector del Monumento Natural El Morado y otras áreas protegidas bajo administración de CONAF prohíben la extracción de cualquier elemento vegetal, fuera de estas áreas, la recolección sin autorización de especies nativas puede vulnerar normativas del Ministerio del Medio Ambiente relacionadas con la protección de la flora nativa, especialmente para aquellas clasificadas en categorías de conservación.
Más allá del marco legal, hay un argumento ecológico que vale la pena considerar, varias de las especies con mayor historia medicinal, entre ellas el pingo-pingo y la chachacoma, crecen lentamente en ambientes de alta montaña donde la regeneración después de una perturbación puede tardar décadas, la presión acumulada de miles de visitantes que ocasionalmente arrancan ramas o flores puede tener efectos sobre poblaciones locales que son difíciles de cuantificar pero fáciles de evitar, la fotografía, la identificación y el conocimiento no requieren extracción.
Para quienes visitan la zona con interés en la geología y el patrimonio natural del territorio, el artículo sobre geología y patrimonio geoarqueológico del Cajón del Maipo complementa bien esta dimensión de la historia natural del lugar y para quienes llegan en primavera, cuando la floración de varias de estas especies alcanza su punto máximo, conviene revisar las condiciones de acceso actualizadas antes de planificar la salida, especialmente hacia las zonas altas del Valle del Yeso.
Cómo reconocerlas en terreno: claves de identificación básica
Identificar plantas medicinales en terreno sin formación botánica tiene límites reales, el error de confundir una especie con otra puede tener consecuencias que van desde la simple ineficacia hasta la toxicidad, dicho esto, hay algunas características que ayudan a orientarse en el campo para las especies más comunes del Cajón del Maipo:
- Bailahuén: arbusto de ramas pegajosas y olor resinoso intenso. Flores amarillas pequeñas agrupadas en capítulos. Laderas secas entre 1.000 y 2.800 metros. Abundante en sectores de camino a El Yeso.
- Pingo-pingo: tallos articulados verdes sin hojas visibles, con aspecto de junco rígido. Crece en suelos pedregosos y áridos. Inconfundible dentro de su hábitat si se conoce el género Ephedra.
- Matico: arbusto de hojas grandes, rugosas y de color verde oscuro en el haz y blanquecino en el envés. Inflorescencias esféricas amarillas. Prefiere ambientes con humedad y sombra parcial.
- Chachacoma: planta compacta de hojas plateadas, con porte almohadillado en altitudes superiores a 3.000 metros. Flores amarillas cabezuela. Solo en zonas de puna y piso altoandino.
- Labiadas silvestres: identificables por el aroma al frotar las hojas. Si el olor es mentolado o similar al orégano, probablemente pertenece a la familia Lamiaceae. No confirma especie, pero orienta el grupo.
Para una identificación más precisa, la aplicación iNaturalist que cuenta con una comunidad activa de botánicos chilenos, permite subir fotografías y obtener identificaciones colaborativas con buena tasa de acierto para las especies más comunes de Chile central, el herbario digital del Museo Nacional de Historia Natural de Chile también es una referencia útil para cotejar características morfológicas.
Un conocimiento que sobrevive en el territorio
Hay algo que llama la atención cuando se recorre el Cajón del Maipo con cierta atención botánica: el conocimiento sobre las plantas medicinales de la cordillera central de Chile no está solo en los libros, sobrevive en los arrieros que todavía transitan las rutas hacia las vegas altas, en las personas mayores de los villorrios del cajón que nombran cada arbusto sin dudar, en los guías de montaña que saben qué hojas poner en la infusión cuando a alguien le duele el estómago en medio de una caminata, es un conocimiento práctico, acumulado en generaciones, que no siempre tiene respaldo científico formal pero que tampoco es arbitrario, la cordillera central chilena lleva miles de años siendo habitada y recorrida, las plantas que crecen en ella llevan ese mismo tiempo siendo observadas, probadas y transmitidas, conocerlas es también una forma de entender el territorio.
Fuentes y referencias
- Rodríguez, R. et al. (2018). Catálogo de las plantas vasculares de Chile. Gayana Botánica, 75(1). Museo Nacional de Historia Natural, Santiago.
- Villagrán, C. & Castro, V. (2003). Ciencia indígena de los Andes del norte de Chile. Editorial Universitaria, Santiago.
- Muñoz, O. et al. (2001). Medicinal plants used in Chilean traditional medicine. Journal of Ethnopharmacology, 75(2–3). doi.org/10.1016/S0378-8741(01)00172-8
- Instituto de Salud Pública de Chile (ISP). Formulario de medicamentos herbarios. ispch.cl
- Herbario digital, Museo Nacional de Historia Natural de Chile. mnhn.cl
- UICN / IUCN Red List. Fichas de especie para géneros Ephedra y Buddleja. iucnredlist.org

