Historia de las Termas del Plomo: minería, arrieros y cordillera

El nombre lo dice todo, aunque pocas veces uno se detiene a pensar el porqué de su denominación, el origen es la huella de una actividad que durante siglos definió la relación entre el ser humano y esta cordillera: la minería, donde el plomo, el mineral gris y pesado que los buscadores de tesoros rastreaban en estas quebradas, este es el hilo que conecta a los pueblos preincaicos que habitaron estas montañas, los mineros coloniales que abrieron las primeras vetas de plata en el Cajón del Maipo, a los arrieros y al pequeño número de personas que en el siglo XX encontraron en estas aguas algo que vale la pena recorrer kilómetros para alcanzar, esta es la historia de las Termas del Plomo.

El cerro que le dio el nombre: El Plomo y su vínculo con la minería andina

El Cerro El Plomo alcanza los 5.430 metros sobre el nivel del mar y domina el horizonte oriente de Santiago, su nombre proviene de los yacimientos de galena (mineral de plomo) que los primeros cateadores coloniales encontraron en sus faldas y en las quebradas de su entorno, la galena, sulfuro de plomo de color gris azulado, fue históricamente el mineral guía que llevaba a los buscadores hacia los yacimientos de plata, ambos minerales suelen aparecer asociados en la misma formación geológica y para quienes conocían ese vínculo, saben que donde había galena podría haber plata.

Las Termas del Plomo se ubican en el Valle del Yeso, en la misma masa cordillerana en que se inscribe el Cerro El Plomo y su nombre refleja la tradición minera de llamar sus espacios de trabajo como el mineral, por ejemplo el Valle del Yeso lleva el nombre del mineral de sulfato de calcio que se extrajo durante décadas en esa zona, el Volcán nombra otro sector de la misma cordillera y El Plomo nombraba el terreno donde la galena afloraba.

La primera mina de plata de Chile y la fundación de San José de Maipo

Todo empieza en 1692, cuando un español llamado Pedro Ruiz de Aguirre descubrió en los cerros del Cajón del Maipo un yacimiento de plata que cambiaría la historia de la minería chilena y que llamaría San Pedro Nolasco, estas minas ubicadas a unos 3.200 metros de altitud en lo que hoy se conoce como El Ingenio, fueron el primer mineral de plata explotado en el actual territorio de Chile, su impacto fue tan significativo que según consta en los registros del Consejo de Monumentos Nacionales, llegaron a concentrar hasta 500 trabajadores mineros en su momento de mayor actividad.

Ante tal importancia, la corona española no tardó en reconocer la importancia estratégica del lugar y e 16 de julio de 1792, don Ambrosio O’Higgins (Gobernador del Reino de Chile y futuro Virrey del Perú) fundó la Villa de San José de Maipo por mandato del Rey de España, con el objetivo de formar un asentamiento para los mineros y arrieros que vivían dispersos por el cajón y que trabajaban en las minas de San Pedro Nolasco, sin estas minas no habría habido razón para crear el poblado.

Ignacio Domeyko, visitó San Pedro Nolasco en 1841 durante su primer viaje terrestre a Santiago y dejó por escrito sus observaciones sobre la forma de vida de las familias que explotaban los piques de manera artesanal, Domeyko encontró un sistema rudimentario pero funcional, donde los mineros que cargaban el mineral en animales, lo bajaban hasta El Ingenio para fundirlo y lo transportaban hasta Santiago en recuas conducidas por arrieros. Todo el sistema dependía del trabajo de hombres que conocían los pasos del cajón.

Los arrieros: quiénes eran y por qué la cordillera les pertenecía

El arriero no era solo un transportista, era el custodio del camino y del conocimiento geográfico, como dónde estaban los pasos habilitados, cuándo se cerraban por nieve, qué quebradas eran transitables en invierno y dónde había agua para los animales, ese conocimiento no se escribía, era traspasado de padres a hijos, en familias que durante generaciones habían movido ganado entre Chile y Argentina por pasos cómo el Piuquenes, el portillo que conecta el Valle del Yeso con Mendoza y que conocían cada vega, cada aguada y cada pircón de los valles altos.

Las «veranadas» eran el corazón de la economía arriera, ya que cada temporada estival, desde noviembre hasta marzo aproximadamente, los arrieros conducían majadas de ovejas y tropillas de vacunos desde los valles bajos hacia los pastos de altura de la cordillera, cruzando a veces hasta la vertiente argentina, el Valle del Yeso con sus vegas altoandinas y su agua permanente, era uno de los sectores más valorados para el pastoreo de altura en la zona metropolitana, quienes recorrían la ruta hacia las Termas del Plomo no lo hacían por turismo, sino porque ese camino llevaba al ganado donde había pasto.

El paso Piuquenes, que da al Valle del Yeso su condición de corredor andino, tiene una historia de tránsito que precede en siglos a cualquier estructura moderna. Charles Darwin lo utilizó en marzo de 1835 en su travesía desde Chile hacia Argentina, durante el viaje en el Beagle y dejó en su diario observaciones detalladas sobre la geología de las montañas coloradas del cajón, pero mucho antes que Darwin, lo habían usado conquistadores, guerrilleros de la independencia y los propios incas, que dominaron esta cordillera al menos desde el siglo XV.

El Niño del Cerro El Plomo: cuando los arrieros encontraron al pasado inca

El 1 de febrero de 1954, tres hombres que buscaban tesoros y conocían la cordillera como la palma de su mano, ascendieron al Cerro El Plomo hasta los 5.400 metros de altitud, esto eran Luis Gerardo Ríos Barrueto, arriero y buscador de minas experimentado que en viajes anteriores había hallado figurillas precolombinas de plata en la zona, su sobrino Jaime Ríos Abarca y Guillermo Chacón Carrasco.

Chacón por su avanzada edad, decidió permanecer en un sector conocido como Piedra Numerada y los dos Ríos continuaban hacia unas antiguas estructuras de piedra cercanas a la cima, en ese lugar a unos 5.400 metros de altitud, fue donde Jaime realizó un hallazgo que nadie habría imaginado, encontró el cuerpo perfectamente conservado de un niño de aproximadamente ocho años que había permanecido por más de cinco siglos bajo las extremas condiciones de frío y altura de la montaña, años más tarde sería conocido como el Niño del Cerro El Plomo, siendo una de las evidencias arqueológicas más importantes encontradas en Chile.

Las investigaciones posteriores revelaron que el menor había sido ofrendado durante una ceremonia incaica de Capacocha, este era un ritual reservado para las montañas consideradas sagradas por el Tawantinsuyu, pasadas dos semanas después del descubrimiento, el hallazgo llegó al Museo Nacional de Historia Natural de Chile tras una compleja negociación con quienes lo encontraron, hoy el Niño del Cerro El Plomo se conserva en condiciones especialmente controladas y sigue siendo considerado uno de los tesoros arqueológicos más valiosos del país, su presencia confirma la enorme importancia espiritual que tuvo el Cerro El Plomo para los incas, quienes lo eligieron como un santuario de altura dedicado al dios Inti, dejando en sus cumbres una historia que permaneció en silencio durante más de 500 años.

Las Cáscaras del Yeso: el campamento que construyó el embalse

A pocos kilómetros antes de llegar al Embalse El Yeso, quienes recorren hoy la ruta hacia las Termas del Plomo pasan frente a un conjunto de estructuras de hormigón que a primera vista pueden confundirse con el terrenos, son 19 edificios de geometría parabólica, que son llamados como «las cáscaras» por su forma de bóveda, estos fueron construidos en 1954 como campamento obrero para los trabajadores que levantaron la represa del Embalse El Yeso a 2.500 metros de altitud en plena cordillera para los obreros que construyeron la infraestructura hídrica más importante de la Región Metropolitana, quienes vivieron y durmieron en estos pabellones durante los años de la obra.

Al terminar la construcción del embalse, Las Cáscaras pasaron a Bienes Nacionales y fueron cedidas al Ejército de Chile como Cuartel N°2, donde se almacenaba armamento y se alojaban tropas, hoy el conjunto está abandonado y en proceso de ruina, aunque permanece de libre acceso.

La minería del yeso y el cobre: el siglo XIX en el Valle

A fines del siglo XIX la minería era sin duda la actividad económica más importante del Cajón del Maipo, según un registro histórico de patentes mineras de la época, existían 161 pertenencias activas en la zona, con yacimientos destacados en El Volcán, La Junta y el propio valle del Yeso, el mineral de yeso (sulfato de calcio dihidratado) se explotó con intensidad en El Volcán desde mediados del siglo XIX, primero en combinación con el cobre y luego como producto principal, se ha documentado que la localidad de El Volcán tuvo actividad minera continua desde 1842 hasta 2006, cuando las faenas pararon definitivamente.

En ese contexto, el Valle del Yeso no era el paisaje de contemplación que es hoy para el turismo, era un corredor de trabajo donde los arrieros conducían el mineral en recuas de mulas hacia los puntos de fundición, los mineros vivían en campamentos precarios de altura durante los meses de verano, y los pasos como el Piuquenes seguían siendo la única conexión real con Argentina, la función hídrica del cajón, que hoy es su rol más estratégico, era en ese siglo solo un dato geográfico sin consecuencias institucionales.

Fuentes y referencias

  • Consejo de Monumentos Nacionales de Chile. Centro Histórico de San José de Maipo — Zona Típica. monumentos.gob.cl
  • Egaña, R. y Benado, M. (2014). Historia y valor patrimonial de las minas de plata del cerro San Pedro de Nolasco (San José de Maipo, Chile). ResearchGate / Universidad de Santiago de Chile. researchgate.net
  • Museo Nacional de Historia Natural de Chile. El Niño del Cerro El Plomo. mnhn.gob.cl
  • Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Hallazgo del Niño del Cerro El Plomo. patrimoniocultural.gob.cl
  • Municipalidad de San José de Maipo. Historia. sanjosedemaipo.cl
  • Benavente, J. (2024). Patrimonio geológico-minero de El Volcán, San José de Maipo, Chile. Revista Historia y Patrimonio, Vol. 3, N°5. Universidad de Santiago de Chile. rhp.uchile.cl
  • Cruz, N. y Morales, T. (2019). Las Cáscaras del Yeso: la memoria del paisaje construido en el Cajón del Maipo. Unidad Patrimonio Cultural, MIPA, Universidad de Chile.
  • Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile. Ignacio Domeyko Ancuta (1802-1889). memoriachilena.gob.cl
Sobre el Autor

Soy Gustavo Komarov, bloguero amante de la naturaleza del cajón del Maipo. Con la pluma en mano y el corazón anclado en sus sinuosos senderos, me considero un eterno narrador de sus encantos ocultos, donde cada palabra que escribo es un tributo a su inquebrantable majestuosidad a su maravillosa naturaleza, fauna y a sus resilientes habitantes. Los invito a explorar, a conservar y a enamorarse sus maravillas

Si necesitas contactarme, mi correo es info@termasdelplomo.com