Cuando caminas por el Valle del Yeso o subes hacia las Termas del Plomo, estás pisando un territorio que alguna vez perteneció también a otro ser vivo, a un ciervo silencioso, robusto y esquivo que durante siglos recorrió estas mismas quebradas, bebió de estos mismos ríos y se refugió bajo estos mismos farellones de roca por donde ahora pasea el ser humano, este hermoso animal y orgullo nacional es el huemul (Hippocamelus bisulcus) , este ciervo no es ajeno al Cajón del Maipo, es en realidad, uno de sus habitantes más antiguos y uno de los más olvidados, es cierto que aparece en el escudo de Chile, pero casi nadie recuerda que vivió aquí.
Un ciervo que cruzó toda la cordillera
Antes de la llegada de los colonizadores europeos el huemul recorría libremente, unos 2.000 kilómetros de cordillera andina, su distribución histórica confirmada se extendía desde el río Cachapoal ( la cuenca inmediatamente al sur del Cajón del Maipo) hasta muy lejos por el Estrecho de Magallanes, existen registros científicos de la Universidad de Chile, que sitúan el límite norte histórico de la especie en los 33°S, latitud que abarca el borde sur de la Región Metropolitana, en pleno Cajón del Maipo.
Esto significa que el huemul habitó en la misma cordillera que hoy flanquea el Cajón del Maipo por el oriente, no era un animal distante del valle, era parte de su ecosistema original y la misma fauna que encontraron los indígenas Pehuenche que cruzaban estos pasos andinos en la antigüedad.
Los cronistas coloniales describían al huemul como un animal «abundante en manadas» que bajaba a los valles en invierno y subía a las altas cumbres en verano, siguiendo exactamente las rutas que hoy conocemos como senderos de trekking.
Por qué el huemul desapareció del Cajón del Maipo
La desaparición no fue un evento único e imprevisto, fueun proceso acumulativo de 500 años que comenzó con la conquista española y que lamentablemente aún no ha terminado.
La caza fue el primer golpe
La carne del huemul fue considerada una de las más sabrosas de la cordillera por los colonizadores, desde el siglo XVI la especie fue cazada sin control ni regulación durante generaciones, su caracter dócil que no rehuye del ser humano con la misma velocidad que un venado europeo, le valió su reputación de «tonto» y para los cazadores fue presa fácil.
Lo que los colonizadores llamaban «ingenuidad» era en realidad una adaptación evolutiva, ya que el huemul nunca había necesitado temer al hombre, porque durante milenios el ser humano y el ciervo convivieron sin depredación masiva.
El ganado: la amenaza invisible
Con la llegada masiva del ganado doméstico por el siglo XVII y XVIII, el huemul enfrentó una amenaza que no podía ver ni combatir como las enfermedades. Los bovinos, ovinos y equinos introdujeron virus, bacterias y parásitos para los cuales el ciervo nativo no tenía defensas inmunitarias, a eso se suma que el ganado también compitió directamente con el huemul por los pastizales de altura, los mismos valles del cordón andino donde el ciervo se alimentaba.
La cordillera de Chile y Argentina está salpicada de nombres que revelan dónde vivieron los huemules: el Cerro Huemul en la Patagonia, lagunas, quebradas y pasos de montaña llevan su nombre a lo largo de todo el Cono Sur, son marcas geográficas que los arrieros, los indígenas y los primeros exploradores dejaron como testimonio de una presencia que era, entonces, cotidiana.
«El perro es el mejor amigo del hombre, pero el peor enemigo de la fauna silvestre», dijo el guardaparque Félix Vidoz, resumiendo otra amenaza invisible: los perros que acompañaban al ganado depredaban a los huemules, especialmente a sus crías.
La transformación del paisaje
Los valles bajos del Cajón del Maipo fueron progresivamente convertidos en tierras agrícolas, huertos frutales y más tarde en zonas de habitación permanente, los corredores naturales por donde el huemul migraba estacionalmente quedaron fragmentados, luego cortados, sin corredores, el ciervo no puede moverse, no puede buscar pareja, no puede sobrevivir como población viable.
El colapso final
Para el siglo XX, el huemul ya había desaparecido completamente de la zona central norte, según el Ministerio de Medio Ambiente de Chile, la especie se considera hoy funcionalmente extinta al norte de los 36°S. La población más septentrional conocida que es un grupo de apenas 80 individuos, sobrevive en los Nevados de Chillán y Laguna del Laja (Biobío y Ñuble) a más de 400 km al sur del Cajón del Maipo, aislada geográficamente de todas las demás poblaciones.
El huemul tardó 500 años en desaparecer del Cajón del Maipo, nadie registró el momento exacto en que el último ejemplar cruzó por última vez el Valle del Yeso.
El escudo nacional: un homenaje a lo que se fue
El huemul no desapareció sin dejar huella, su presencia histórica quedó grabada en la cultura y en el propio escudo de Chile.
En 1834 el escudo oficial de Chile fue establecido con el cóndor andino a la derecha y el huemul a la izquierda, la elección no fue arbitraria: ambas especies representaban los animales más emblemáticos de los Andes chilenos, aquellos que los primeros chilenos veían con admiración en su entorno cotidiano.
Hoy el escudo lleva la imagen de un animal que la mayoría de los chilenos nunca verá en vida, hay algo profundamente simbólico en eso.
El «ciervo fantasma»
Con el tiempo, la rareza extrema del huemul le ganó un apodo que lo define mejor que cualquier descripción científica: el ciervo fantasma, esta expresión refleja tanto su carácter escurridizo como la sensación de quienes saben que existe en algún lugar de la cordillera, pero nunca lo ven, es un animal que habita el territorio más como mito que como realidad observable.

¿Podría quedar algún huemul en los valles del Cajón del Maipo?
No existen registros científicos confirmados de huemul en el Cajón del Maipo en las últimas décadas, no hay cámaras trampa activas en el Valle del Yeso ni en las quebradas altas del macizo que rodea las Termas del Plomo, no hay censos y no hay estudios de campo específicos para esta zona.
Lo que sí existe son dos hechos que alimentan la imaginación:
Primero: En 2019, un proyecto de investigación liderado por Fundación Tompkins y National Geographic decidió comprobar si eran ciertos los rumores y testimonios de lugareños sobre una supuesta población de huemules en las cercanías del río Puelo, en Los Lagos, la comunidad científica era escéptica, cuando instalaron las cámaras trampa en lo alto de la cordillera, la sorpresa fue total: la leyenda era cierta. Entre 14 y 18 ejemplares vivían en una zona que no estaba mapeada como área remanente para la especie.
Segundo: La zona alta del Cajón del Maipo, en especial los sectores del Valle del Yeso por encima de los 2.500 metros, es un territorio de acceso extremadamente difícil, sin infraestructura de monitoreo, con quebradas inaccesibles y una extensión que hace imposible cualquier cobertura sistemática, donde podría habitar alejado del hombre, entonces nace una pregunta que no puede responderse con certeza en ningún sentido, ya que nadie ha buscado, no se ha instalado cámaras,no se ha tomado muestras de suelo o vegetación en busca de rastros.
Lo que sabemos del huemul es que cuando se creía extinto en un lugar, a veces resultaba que simplemente nadie había mirado bien.
Lo que el valle perdió y lo que aún podría recuperar
La desaparición del huemul del Cajón del Maipo no fue solo la pérdida de una especie, fue la pérdida de un eslabón ecológico completo: un herbívoro de gran tamaño que controlaba la vegetación, que fertilizaba los suelos con sus desechos, que alimentaba a carroñeros como el cóndor cuando moría, que mantenía praderas abiertas en valles de alta montaña.
La ciencia contemporánea llama a esto un «vacío ecológico» un hueco en el ecosistema que no se rellena solo con el tiempo, la vegetación se desregula, otras especies pierden recursos o adquieren ventajas desproporcionadas, y el ecosistema entero muta hacia algo diferente de lo que era.
Los esfuerzos actuales de conservación como el Plan RECOGE de CONAF y los corredores biológicos binacionales con Argentina, buscan estabilizar primero la población del sur y luego explorar la posibilidad de reconectar poblaciones, si el huemul llegara algún día a recuperar terreno hacia el norte, el Cajón del Maipo sería, geográficamente, parte de su camino de regreso.
Por ahora, el ciervo que aparece en el escudo de Chile sigue siendo, para los valles que hoy visitamos como turistas, solo una memoria grabada en la piedra del nombre de un cerro lejano.

